El Granada, actual colista de la clasificación, ha pasado unos días difíciles tras la destitución de Joaquín Caparrós y la inoportuna visita al Calderón con Joseba Aguado, técnico del filial, en funciones. Una vez pasada la tormenta, han podido confirmar la vuelta al banquillo de Abel Resino, que se está doctorando en coger equipos en situaciones difíciles.
| Abel Resino volverá a intentar salvar al Granada del descenso FOTO: elcorreo.com |
El Granada nunca ha sido un conjunto que se haya caracterizado por vivir con holgura en Primera. Sin embargo, la mala primera mitad de temporada que ha realizado el conjunto nazarí ha terminado de sobrepasar lo aceptable. Nadie lo imaginaría en la cuarta jornada de competición, cuando el equipo permanecía invicto y acababa de vencer en San Mamés. Todo invitaba a pensar que aquella plantilla bajo la tutela de Caparrós sería de lo más solvente, como lo han sido prácticamente todos sus equipos. Sin embargo, desde aquel lejano mes de septiembre, misterios del fútbol, el rendimiento fue cayendo en picado hasta el punto de no volver a ganar en Liga en las siguientes 15 jornadas.
La confianza de la directiva en el entrenador de Utrera, ciega y merecida, también llegó a su límite después de un gris empate ante la Real Sociedad en Los Cármenes y la eliminación en Copa, aunque aquello fuera lo de menos. La elección del presidente Quique Pina para el remplazo en el banquillo estuvo clara desde un principio. Un hombre que ya conocía la casa y con un currículum fiable en lo que a rescatar equipos se refiere, Abel Resino. El mismo con el que obtuvieron la permanencia hace tres años, en la primera temporada después del ascenso.
Como si quisieran emular lo ocurrido entonces, el toledano se vuelve a hacer cargo en enero, al término de la primera vuelta. En aquella ocasión el damnificado fue Fabri González. Mismo equipo, mismo escenario, misma fecha, misma situación y mismo objetivo. Una situación también similar a la que vivió en el Celta la temporada siguiente, donde tomó las riendas del banquillo tras el despido de Paco Herrera, en el mes de febrero, y logró la salvación en la última jornada, otra vez sobre la bocina. Quizá ese afán por vivir al límite haya sido la razón por la que ambas experiencias, tanto en Granada como en Vigo, tuvieron también el mismo final, la rescisión de su contrato al acabar la temporada a pesar de cumplir lo prometido.
Como si de otro fenómeno cíclico de la naturaleza se tratase, Abel se vuelve a hacer cargo de un equipo en apuros a mitad de temporada. Nadie sabe qué ocurrirá esta vez, si fracasará por tentar demasiado a la suerte o si le irán bien las cosas y de una vez por todas logrará tener estabilidad en algún lugar. Al menos el Granada no ha dudado en volver a ponerse en manos del entrenador y ex guardameta, nunca mejor dicho.