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lunes, 1 de diciembre de 2014

Lamentablemente, sí tienen que ver


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Los clubes de fútbol, con su compadreo con estos energúmenos, son cómplices. Cerezo se equivoca al afirmar que los ultras que han protagonizado la tragedia de este domingo no tienen nada que ver con el Atlético ni con el Deportivo.

Enfrentamiento en Madrid Río entre el Frente Atlético y Riazor Blues
Imágenes grabadas del enfrentamiento entre ultras de Atlético y Deportivo.
Foto: 20minutos.es

La mañana de este domingo, unas tres horas antes de que diera comienzo el encuentro liguero entre Atlético de Madrid y Deportivo de La Coruña, ha tenido lugar en los aledaños del Vicente Calderón uno de los episodios más nefastos en la historia del fútbol español. Un enfrentamiento entre los grupos ultras Frente Atlético y Riazor Blues ha terminado saldándose la vida de Francisco Romero Taboada, miembro de los segundos, cuyo cuerpo ha tenido que ser rescatado del río Manzanares. Como suele ocurrir en estos casos a falta de esclarecerse los hechos, las versiones de lo ocurrido varían según de donde provienen, como si con ello se pretendiera justificar lo injustificable.

Ahora que por fin ha habido un muerto, toca renegar de esos violentos por parte de los dirigentes. Ahora dicen que esta gente no tiene nada que ver con su equipo, aunque los hayan tenido cada semana en su estadio, aunque hayan crecido al calor de sus equipos. No se me olvidan tampoco las simpatías que determinados jugadores habitúan a gastarse con estos tipos. Ni siquiera creo que muchos se lo vayan a replantear tras lo sucedido. Me temo que el Atlético de Madrid, en este caso, sí tiene algo que ver con estos individuos, por llamarlos de algún modo. Otra cosa es que lo representen, como ellos piensan. Hoy la gran afición colchonera, la de verdad, les ha hecho recordar que no es así. 

Dicho esto, sería injusto generalizar. En el Frente Atlético también hay personas cuyo vínculo con el grupo se limita a ir a animar a su equipo al Vicente Calderón, dejando al margen la violencia y la ideología política. Desconozco cuantos serán en proporción. Si son una mayoría los no violentos, deberían señalar y repudiar a los otros, como ha hecho el resto de la afición. En caso de que esto no sea posible, si estas personas son realmente sensatas y aman a su equipo, quizá deberían tomar cierta distancia.

El enfrentamiento de esta mañana no responde a ninguna rivalidad deportiva (lo cual sería igualmente condenable porque nada lo justifica), sino a ideología política. Se da la desgracia de que esta gente se escuda en el fútbol y en nombre de éste cometen sus barbaridades. Tras tantos días de partido tentando a la suerte, ha vuelto a ocurrir una desgracia diez años después. Precisamente, la última vez los verdugos eran de Riazor Blues, lo que demuestra que esto no es una cuestión que varíe en función de equipos o de ideologías. Como decía, ahora que la desgracia por fin ha sucedido, no renieguen de los violentos y échenlos de una vez.