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lunes, 1 de diciembre de 2014

José Antonio Reyes, año I después del Betis


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El reconocimiento mediático que alcanzan algunos futbolistas escapa de algunas escalas. Fama ganada dando patadas a un balón que traspasa el verde para acabar acaparando programas televisivos, anuncios o reportajes de revistas en compañía de sus parejas. Aunque a veces no hace falta cuajar un buen partido; un lío de faldas o alguna infracción en la vía pública centran todos los flashes.

José Antonio Reyes, del Sevilla, temporada 2013/2014
José Antonio Reyes agradece a un compañero un pase
Foto: independent.ie

Esa fama puede ser más o menos duradera. Pero hay una fama que acompaña a los futbolistas toda su vida; la que se ganan en el terreno de juego. La fama entre sus compañeros, entrenadores, aficionados y periodistas. La que califica a los jugadores según sus actuaciones puramente deportivas. Y para saborearla, ser bueno con el balón no es imprescindible.

Hay jugadores que tienen fama de borrarse en los partidos importantes. También los hay que parecen llevar anteojeras y buscan siempre la jugada personal. Algunos tienen fama de leñeros e intimidan sin siquiera rodar el balón. Otros se han ganado la fama de piscineros y teatreros. Muchos, muchísimos tipos de jugadores: el que se echa el equipo a las espaldas, el que siempre está descolocado, el traidor que cambia de equipo, el que todo lo protesta, el fallón o el que, sencillamente, es malo. Y por supuesto, los árbitros y entrenadores tienen su fama; como la de tarjeteros o provocadores.

El mundo del fútbol no deja indiferente a casi nadie, y a poco que se destaque positiva o negativamente, se gana un hueco en este peculiar Salón de la Fama. Y de este Salón yo rescato a José Antonio Reyes, con fama de sólo jugar bien cuando se enfrenta al Betis.

Lo cierto es que desde la zona de banco de pista sur del Sanchéz Pizjuán, vi realizar un notable partido de Reyes en la derrota del Sevilla 0-2 frente al Betis en la ida de octavos de final de la UEFA Europa League que acabarían levantando en Turín los hispalenses. Como todo jugador, en ocasiones falla a su cita con su fama, pero raro ha sido el derbi sevillano en el que el utrerano no destaque.

Y bien, con un José Antonio Reyes que parecía estar fuera del Sevilla en el mes de agosto, y que no contaba para Emery que intentó incorporar a Pedro León; con el eterno rival descendido (la única posibilidad de enfrentarse será en caso de que ambos equipos alcancen la final de Copa del Rey)… ¿Qué le esperaba a Reyes?

Hasta la tarde de ayer, parecía que el extremo tendría que conformarse con partidos de Copa (1) y Europa League(5), competiciones en las que ha marcado un gol en ambas, y luchar por algunos pocos minutos en liga, donde había participado en dos ocasiones: frente a la Real Sociedad en la jornada 5 siendo titular y posteriormente sustituido, y contra el Depor en la jornada 7 saliendo desde el banquillo.

Con 1-1 en el marcador tras el empate de penalti de El Arabi, Emery dio entrada en la segunda mitad a un Reyes que revolucionó a su equipo. Fue clave en el triunfo de un Sevilla que se mantiene en puestos de Champions.

Con Vitolo, Aleix Vidal, Deulofeu y Gamerio, Reyes no tiene un problema de competencia, lo tiene de ambición. Un jugador que pudo llegar a lo más alto, que ha ganado títulos en todos los equipos en los que ha militado (Arsenal, Real Madrid, Benfíca, Atlético de Madrid y en su regreso a Nervión), y que de vez en cuando, cuando juega contra el Betis, deja destellos de genio. Recuerdos de una fama de jugador decisivo, que entre otras cosas, le dio con sus dos goles al Mallorca, la 30º Liga al Madrid.